lunes, 30 de julio de 2012

Las Medallas Fields


Gösta Mittag-Leffler y Alfred Nobel
Rara es la persona que no ha oído hablar nunca de los Premios Nobel. El Nobel de Química, el Nobel de Literatura, el Nobel de Medicina... ¿y el Nobel de Matemáticas? El caso es que no me suena eso de “Nobel de Matemáticas”, dirá más de uno. Es normal, ya que no existe. Y el motivo es muy sencillo: el propio Alfred Nobel pidió expresamente que no se instaurara. Cabría ahora preguntarse el por qué el inventor de la dinamita no quiso que existiera tal premio. Parece lógico que si lo hay en física, química, medicina, literatura, economía, etc., debería haberlo en la madre de todas las ciencias que es la matemática. Hoy en día se barajan tres suposiciones para la inexistencia de este premio.

Anverso y reverso de la Medalla Fields
Hay quien opina que Alfred no consideraba las matemáticas como una ciencia aplicada, sino que la veía como algo más teórico, y él pretendía recompensar a quien proporcionara resultados que sirvieran para algo. Es una postura que los matemáticos no compartiríamos, pero que se puede entender. Otros dicen que, simplemente, le tenía manía a esta ciencia porque desde pequeño la tenía atragantada y jamás se le había dado muy bien. Algo menos rigurosa esta explicación aunque perfectamente factible.

John Charles Fields
Pero sin duda la explicación que más adeptos tiene, imagino que por lo chistoso y morboso de la situación, es la tercera: Nobel no quiso instaurar el premio de matemáticas porque su mujer le había puesto los cuernos con un matemático. En concreto se sospecha de Mittag-Leffler, matemático sueco que además era de los mejores de la época, con lo que hubiera tenido muchas papeletas para lograr el premio. La situación, desde luego, sería ridícula: fundar un importante premio y que se lo lleve aquel con el que tu mujer te ha estado engañando. Está claro que, de ser así, la actitud del fundador es más que comprensible. En cualquier caso, como digo, esta teoría no tiene demasiado sustento demostrable, sino que más bien es aceptada por lo curioso y divertido de la situación. Aunque factible, sin duda, lo es.

Es por esto que, ni cortos ni perezosos, los matemáticos inventaron unos premios, la Medalla Fields, que son equivalentes en cuanto a prestigio, al menos en el gremio, y con una dotación económica muy similar. Se otorgan cada cuatro años y a su vez en cada convocatoria se le puede conceder a uno o varios matemáticos distintos. La medalla física que lo conmemora representa, en el anverso, la efigie de Arquímedes acompañada de la siguiente inscripción:

TRANSIRE SUUM PECTUS MUNDOQUE POTIRI

Se podría traducir como “ir más allá del propio pensamiento y apoderarse del mundo”. En el reverso también se puede apreciar otra inscripción latina que reza así:

CONGREGATI
EX TOTO ORBE
MATHEMATICI
OB SCRIPTA INSIGNIA
TRIBUERE

Su traducción sería algo así como “congregados los matemáticos de todo el mundo (los ganadores) son galardonados en pago de sus distinguidos escritos”.

La única condición impuesta es que los ganadores no deben de superar los cuarenta años en el momento de publicar el trabajo por el que opten al premio. ¿Por qué cuarenta años? Pues porque alguien decidió que a partir de esa edad el cerebro se atrofia y no tiene capacidad para generar nada destacable. En fin, una opinión muy personal. De todas formas, al menos los matemáticos ya tenemos un aliciente, tanto económico como de reconocimiento, por el que buscar nuevos descubrimientos, aunque siempre nos quedará la espinita de saber que nunca podremos ganar un Nobel.